Raymundo “Ray” Barretto Pagán, nació en Brooklyn, New York, el 29 de abril de 1929.
Hijo de Ramón Barretto y Dolores Pagán, naturales de Aguadilla, Puerto Rico; pertenece a la generación de boricuas que surgieron en New York, y se conocen como “neoyoricans”: hijos de puertorriqueños que no conocían la Isla.

Su padre abandona el hogar y se regresa a Puerto Rico cuando Ray apenas tiene seis años, por lo que a su madre, Doña Lola, queda sola en la tarea de la crianza de sus hijos Ray, Ricardo y Cecilia. Su infancia y parte de su juventud las pasa entre las calles del Harlem Español y el Bronx, escuchando música latina por la mañana y jazz por la noche.

“Mi madre luchó fuertemente para mantenernos lejos de las drogas y la criminalidad. Alquiló un cuarto en el apartamento para darnos de comer. Y según mi recuerdo, la música popular era para ella un medio de escape de la realidad de la pobreza y le fortalecía su espíritu para seguir luchando”, recordó Ray.(1)

En 1946, a la edad de 17 años se enrola al ejército y es enviado a Europa; allá curiosamente comienza su carrera como percusionista de jazz, presentándose oficialmente en el Orlando Club GI, de Munich, Alemania; en uno de esos jam sessions, punto de descubrimiento de muchas grandes figuras de la música. Respecto de su actuación en Alemania, Ray comenta: “¡Eso fue una inspiración del momento! Allí estaba un banjo viejo con cuerdas viejas, yo había escuchado a Chano Pozo a través de sus discos con Dizzy Gillespie, y tenía ese afán de tocar, de imitar a Chano. Cogí el banjo, subí a la tarima y me puse a tocar golpeando la caja. ¡Milagro que los músicos no me botaron de la tarima! Pero después me dijeron: ‘tu tienes talento, debes seguir y tratar de mejorarte’. Entonces cuando regresé a Estados Unidos, compré mi premier tambor y empecé a buscar cualquier sitio con música en vivo para mejorar mi técnica escuchando y mirando como tocaban los músicos, no en disco, sino en vivo”.(2)

En 1949, al finalizar el servicio militar, se dedicó al estudio de la percusión jazzística hasta alcanzar un nivel que lo llevaría a las salas de grabación para colaborarle a figuras como Charlie Parker, quien lo contrata por una semana. “Fue una de las experiencias mas increíbles de mi vida. Charlie Parker estaba supuestamente programado para tocar en el Apollo Bar, un club que quedaba al lado del famoso Apollo Theatre, y llegó tarde. Muchos músicos habían venido a escucharle, porque en ese tiempo, el era la figura más importante para todos los músicos jóvenes. Él no llegaba, y decidimos formar una descarga entre nosotros. Al fin llegó, pidieron que todos los músicos se apeen de la tarima, que ahora iba a subir Charlie Parker con su grupo. Todo el mundo se estaba bajando de la tarima, pero Charlie Parker puso su mano en mi hombro y me dijo: ‘Quédate tú’! Y por el resto de los nueve días que se estuvo presentando en el club, toqué con él cada noche”, comenta Ray.(2)

También tiene la oportunidad de trabajar con Max Roach, Art Blakey, Gene Ammons, Herbie Mann, Freddie Hubbard, Chick Corea, Red Garland y Dizzy Gillespie.

Entre 1953 y 1954, consigue su primer trabajo estable con el LATIN JAZZ COMBO de Eddie Bonnemere, con quienes graba para el sello PRESTIGE RECORDS, una producción realizada en el salón de baile Red Garter de New York.

En 1954, se encuentra tocando con la banda de Pete Terrance (Peter Gutiérrez); y en 1955 se da su encuentro con la música latina en New York, al empezar a tocar congas con la banda de José Curbelo, grabando en éste año el disco WINE, WOMAN AND CHA CHA CHÁ. Con la banda de Curbelo permanece por tres años.

En 1957, llena la vacante que había dejado el percusionista estrella Mongo Santamaría en la banda de Tito Puente, teniendo la oportunidad de debutar con la grabación del álbum DANCE MANÍA, uno de los más destacados de Tito. En la banda, permanece por cuatro años.
En 1961, Barreto deja la orquesta de Tito Puente como consecuencia de “diferencias irrecon-ciliables”. “Me fui por diferencias de dinero y un incidente que me tocó el corazón y le dije que me iba”, comenta